Federico Sturzenegger participó en “Actualidad & Coyuntura” organizado por el IAEF

Discurso del Presidente del Banco Central de la República Argentina, Federico Sturzenegger, en el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF)

Buenas tardes a todos, y como siempre un agradecimiento al IAEF por esta invitación, a este ámbito de trabajo, que frecuentamos hace ya muchos años. Vamos arrancando este año 2017 con muchos temas en agenda, con gran cantidad de iniciativas. Venimos ya de recorrer un año intenso, pero tenemos hacia adelante mucho trabajo aún por hacer.

Por ello, me gustaría hoy con ustedes dedicar unos momentos a revisar y analizar cuáles son los ejes de acción principales en los que se encuentra trabajando el BCRA, qué es lo que viene haciendo, dónde estamos parados y cuáles son nuestros objetivos y nuestra visión de cara al futuro. Repasemos entonces dónde nos encontramos respecto de los tres ejes de gestión fundamentales que nos pusimos como norte en el BCRA.

1er eje de gestión: El combate contra la inflación. Establecimiento del Régimen de Metas de Inflación

Comencemos entonces revisando cómo viene la lucha contra la inflación.

Les recuerdo una vez más que durante 2016 recorrimos el camino de transición hacia un Esquema de Metas de Inflación, un marco institucional implementado a lo largo y ancho del mundo, que ha demostrado ser sumamente exitoso en mantener a raya a la inflación1.

No debo abundar, creo, en porqué pensamos que bajar la inflación es nuestra obligación central. Los países que lograron bajar la inflación sistemáticamente por debajo del 20% lograron duplicar su tasa de crecimiento en los 10 años subsiguientes. Por otra parte, el impuesto golpea a los que menos tienen, con lo cual combatirla conlleva un objetivo central de equidad distributiva. Pocas cosas apuntan tan nítidamente al crecimiento y a la equidad como bajar la inflación.

Uno de los aspectos más salientes del esquema de metas de inflación consiste en su transparencia para transmitir los objetivos y acciones de política monetaria que efectúa el Banco Central: una vez definidas claramente las metas de la institución -que en nuestro caso es el rango de 12-17% de inflación anual en 2017, para ir convergiendo a la meta de 5% anual en 2019-, la autoridad monetaria utiliza todos los instrumentos a su alcance para cumplirlas. En nuestro caso, la tasa de interés es el principal instrumento, y la tasa de referencia de política monetaria a partir de 2017 pasó a ser la del centro del corredor de pases a 7 días, reemplazando a la de LEBAC a 35 días.

El funcionamiento de este esquema es sencillo. Si la inflación se encuentra por encima del sendero de evolución de los precios que conduce al cumplimiento de las metas del BCRA (o se espera que lo esté), la tasa deberá subir para corregir dicho desvío. La tasa de interés opera sobre la inflación a través de tres vías simultáneas: 1) el canal de crédito, 2) influyendo sobre la coordinación de expectativas, y 3) afectando al tipo de cambio. Si la inflación aminora, la tasa de referencia podrá acompañar dicho movimiento.

Como se acordarán, allá por principios del mes de marzo del año pasado ubicamos la tasa de referencia en 38%, y la sostuvimos en ese nivel durante 8 semanas, hasta que comprobamos que había comenzado un incipiente proceso de desinflación. Ahí fue cuando, recién durante el mes de mayo, comenzamos a bajar muy lentamente la tasa acompañando dicha desaceleración en los precios. Nuestra decisión se vio validada luego en los hechos por la baja en la inflación durante los meses subsiguientes. Es esta claridad en su funcionamiento uno de los activos más valiosos que nos brinda el establecimiento de un régimen de Metas de Inflación. Todos los actores de la economía poseen una referencia para anticipar cuál será el movimiento futuro de los precios, y coordinar sus decisiones en consecuencia, con la seguridad de que la autoridad monetaria tomará todas las acciones a su alcance para cumplir sus metas. Como verán, en este esquema es central la credibilidad del BCRA, ya que es esa credibilidad la que sostiene el valor referencial de la meta.

Como resultado de este esquema de funcionamiento, podemos hoy afirmar que fue muy clara la desaceleración de la inflación en la segunda mitad del año pasado. De acuerdo al índice de precios al consumidor de mayor cobertura nacional elaborado por el INDEC (que por el momento es el IPC-GBA), el cual utilizamos como medida para el cumplimiento de nuestros objetivos, la inflación del segundo semestre del año pasado fue de 1,4% en promedio por mes. Esto quiere decir que los precios se movieron en la segunda parte de 2016 a un ritmo que si lo anualizamos ronda el 18,5% anual. Este es el menor nivel de inflación para la segunda parte del año desde 2008, cuando el mundo vivía el shock de la crisis de Lehmann Brothers.

La inflación mensual cerró el año pasado con un diciembre donde los precios crecieron 1,2%, y comenzamos 2017 con un 1,3% en enero. La supuestamente intensa estacionalidad al alza de los precios durante estos meses, sobre la que hablaron muchos analistas, no se verificó en la práctica. De hecho, desde noviembre los precios no regulados vienen avanzando al ritmo de entre 1,2 y 1,3% por mes. Y aunque estos números deberán bajar, desde el BCRA vemos que el proceso de desinflación marcha en línea con nuestros objetivos.

¿Por qué bajó tanto y tan rápido la inflación en Argentina en la segunda mitad del año pasado? Es que la inflación se dirime en el mercado monetario. El nivel de precios no es otra cosa que la representación del precio del dinero. Si hay más dinero que el que la gente quiere, el precio del dinero caerá´, o dicho de otra manera subirá el de los bienes (relativo al dinero). A ese fenómeno lo llamamos inflación. Es decir, que cada vez que haya ma´s dinero que el que demanda la gente (ya sea porque aumenta la oferta o se reduce la demanda) vamos a tener inflacio´n2.

Por ello, lo relevante para combatir la inflación es construir un esquema donde oferta y demanda de dinero puedan equilibrarse. Una vez que se implementa de manera consistente un esquema institucional que equilibra el mercado monetario dome´stico, se paralizan de golpe los motores que originan la inflacio´n. Asi´, un esquema como el que lleva adelante del Banco Central, donde la autoridad monetaria, fijada la tasa de interés, está dispuesto a absorber todo el excedente de circulante que el público no quiera, asegura que en cada momento se compatibiliza la oferta y demanda monetaria. Sin desequilibrios en el mercado monetario, la inflación tiene los días contados. Es desde este entendimiento que puede entenderse la baja de inflación que ya ocurrió el año pasado y la que avizoramos para este año.

Pero corresponde efectuar una nota de cautela. Si bien el nivel general de la inflación se redujo a 1,4% promedio mensual en la segunda parte de 2016, la inflación núcleo se mantuvo en un promedio de 1,7% mensual. La tarea de nuestra institución en este respecto durante este año se centrará en buena medida en reducir este número, de modo que sea consistente con las metas de desinflación pautadas. Tal como mencionamos en el último Informe de Política Monetaria3, esto implicaría que la inflación núcleo evolucione a un ritmo por debajo del 1% mensual para los últimos meses del año. Por eso es que, a pesar de la notoria desaceleración verificada en la inflación, el BCRA consideró apropiado mantener la tasa de referencia en el 24,75% actual, nivel en el que se encuentra desde el 29 de noviembre, hace ya 13 semanas.

Hoy por hoy, estamos escuchando muchos analistas decir que el BCRA debería bajar un poco más las tasas, dado el ritmo de inflación actual. En el mes de enero la inflación núcleo fue de un alentador 1,3%. Y si se toma el semestre comprendido entre julio y enero, el nivel general de la inflación acumuló un alza de precios de 8,1%, que anualizado da 16,8%, un ritmo ya dentro del rango 12%-17% buscado para fin de este año. La consecuente suba de los precios de los bonos en pesos (un hecho inédito en nuestro país, apostar a un título en pesos y ganar con la apreciación del capital invertido) es evidencia de que el mercado también está viendo la consolidación del proceso de desinflación en curso.

Sin embargo, es preciso puntualizar que se vienen tres meses más delicados en materia de inflación. De acuerdo a lo ya anticipado, durante estos meses la corrección de precios regulados moverá al nivel general de la inflación algo por encima de lo que venimos experimentando, motivo por el cual el BCRA está tomando sus decisiones de política monetaria en pos de alcanzar un nivel de inflación núcleo que permita lograr el cumplimiento de las metas para el nivel general hacia fin de año. Les anticipo que en febrero estamos observando un repunte en la evolución de los precios, fundamentalmente en el nivel general, primordialmente motorizado por los precios regulados, respecto del valor observado en enero. Por esto, pero además porque el ritmo de 1,2% a 1,3% mensual que llevan los precios no regulados desde noviembre es demasiado alto para lo que pretendemos para este año, no vemos margen alguno por el momento para el relajamiento de la política monetaria.

Pasemos ahora un segundo al tema salarios, paritarias y expectativas de inflación, otra cuestión relevante en el debate público de estos meses.

Más allá que serán las variables monetarias las que diriman el nivel de inflación, una de las funciones más relevantes del esquema de metas es la de coordinar las expectativas de inflación de los agentes económicos. El anuncio por parte del BCRA de sus metas y la determinación de sus acciones en pos de cumplirlas permite que todos tomemos nuestras decisiones con ese elemento sobre la mesa, y tomar a partir de esa base nuestras decisiones de precios y salarios. Esto aplica para la negociación de las paritarias y para nuestras decisiones de precios en general. Cuanto más alineadas las expectativas con la realidad, menor será el costo en términos de actividad de la desinflación propuesta.

En este contexto, vemos que las negociaciones salariales se están llevando adelante con un foco claro en el futuro. Por supuesto que con las peculiaridades de cada sector, que difieren en fecha de negociación, en situación sectorial y otros factores. Está claro que la discusión paritaria hoy gira en torno de las metas de inflación y no sobre la inflación pasada. Esto lo vemos como un logro para el proceso de coordinación de expectativas de todos los actores sociales.

Una forma de coordinar las decisiones de salarios, consistente con estos desarrollos, es lo ya implementado en la Provincia de Buenos Aires (ejemplo que ya todos conocen), ya que alinea los intereses de las dos partes involucradas en la negociación. Según el esquema ideado por ese gobierno, los salarios van aumentando cuatrimestralmente siguiendo la meta de inflación. Si ésta no llegara a cumplirse se compensará la diferencia. Esta forma de determinar la evolución nominal de los salarios presenta un claro correlato con un gobierno como el actual, que quiere cuidar el salario real, en un marco de intensa reducción del impuesto inflacionario.

Hay una cuestión que no quiero dejar de comentar respecto de cómo efectuar la comparación entre las pautas salariales y las metas de inflación del BCRA, para que quede claro cómo consideramos desde la autoridad monetaria que es preciso realizar el cálculo.

Un aumento salarial levemente por encima de la banda inflacionaria no compromete su cumplimiento. Les doy un ejemplo para que se pueda visualizar esto mejor. Imaginen un país donde la inflación pasa de 20% un año a cero al año siguiente, y las paritarias se negocian todos los años en enero. Como el salario real tiene un movimiento a lo largo del año, parte de lo que se aumenta al siguiente corresponde a una recuperación del punto de llegada del salario del año anterior. En este ejemplo ficticio, se necesitaría un ajuste salarial de 10% nominal (recuerden que la inflación o metas en este ejemplo ficticio sería 0%) para que el salario real promedio del año siguiente se mantenga constante.

Me detengo en este punto unos minutos porque veo muchos análisis comparando directamente el valor de las paritarias con el valor de la meta. Pero estos dos números, como muestra el ejemplo precedente, no pueden analizarse independientemente del sendero de la inflación durante el año pasado y la expectativa para este año.

Lo más correcto para efectuar un cabal análisis de las paritarias y su impacto respecto de las metas sería realizar el siguiente cálculo: estimar cómo dejan al salario real en los 12 meses subsiguientes, relativo a dónde estuvo los 12 meses anteriores. Les anticipo que hacer este ejercicio les deparará algunas sorpresas sobre la dinámica observada de los salarios reales4.

Espero que mis colegas economistas tengan la oportunidad de realizar estos cálculos, para ayudar a todos a entender mejor el impacto de las paritarias sobre el cumplimento de las metas.

Por nuestra parte, vemos por ahora que el proceso de negociación de paritarias viene en gran medida alineado con las metas de inflación de la institución.

Antes de pasar al siguiente eje de gestión, permítanme una breve referencia al tema del tipo de cambio. Es importante remarcar que el mismo no constituye un ancla de nada para este BCRA, así como tampoco es un elemento que será manipulado adrede como herramienta de corrección. Personalmente me sorprende mucho escuchar a menudo que “sólo se puede desinflar apreciando el tipo de cambio”, teniendo en cuenta que durante la segunda parte del año pasado se evidenció una baja abrupta de la inflación (recordemos que la inflación acumulada de esos seis meses fue de 8%), mientras que el tipo de cambio real multilateral se mantuvo prácticamente constante durante ese lapso. El mismo se encuentra hoy por hoy un 22% por encima del nivel vigente previo a la apertura del cepo. Si a eso le sumamos la reducción de la carga impositiva sobre las exportaciones, el incremento en el tipo de cambio real multilateral efectivo es de 31% respecto de aquel período.

Esto se logró gracias a la implementación de un régimen de tipo de cambio flexible, que protegió a nuestra economía de los numerosos shocks que presenció el mundo el año pasado. Por ejemplo, tras el resultado de las elecciones en EE.UU. muchas monedas de los países emergentes se depreciaron respecto al dólar. Si no hubiésemos contado con un tipo de cambio flotante capaz de acomodarse a esos movimientos, nuestra moneda se habría apreciado notablemente en relación a las de nuestros socios comerciales. Bajo este contexto de flotación, verificamos también que el peso está correlacionándose en mayor medida con los movimientos cambiarios de los demás países de la región.

Se tiende a poner un énfasis particular en la relación peso-dólar. Sin embargo, nosotros encontramos que esta relación, desde el punto de vista de nuestro comercio exterior, es bastante poco relevante. Más aún en momentos como este, en el que el dólar cambia de valor bastante significativamente respecto del resto de las monedas en conjunto. En este mundo globalizado, el tipo de cambio que hay que mirar es el tipo de cambio multilateral, una suerte de “combo” que toma en cuenta todas las monedas relevantes para nuestro comercio. O mejor aún, el tipo de cambio real multilateral, que corrige por la evolución de los precios domésticos. Este valor, el del tipo de cambio real, es el que mencionábamos antes que ha experimentado una fuerte depreciación desde la salida del cepo y se mantiene virtualmente inalterado durante los últimos 7 u 8 meses. Es decir, que el tan mentando fenómeno de atraso cambiario, creo que surge de esta obsesión de focalizarse en la paridad peso dólar, ya que, como digo, hace más de seis meses que el tipo de cambio real multilateral está constante sin movimientos en uno u otro sentido.

De manera simultánea, la belleza del tipo de cambio flotante es que se trata de una variable que mira al futuro, que nos indica rápidamente si cometemos errores, y que además anticipa lo que viene, lo cual evita saltos abruptos en la paridad, tan nocivos y tan recurrentes en el pasado.

Justamente porque el tipo de cambio ya incorpora las expectativas sobre el futuro, puede en cada día tanto subir como bajar. En este esquema, las depreciaciones o apreciaciones nominales nunca son susceptibles de ser anticipadas. La razón es sencilla. Si todos supieran que la moneda se va a depreciar, se depreciaría inmediatamente; y dejaría de pensarse que es obvio que se va a depreciar, porque esto ya habría ocurrido. Algo análogo puede decirse de una apreciación. Esto esconde una clara virtud: no podrían surgir bajo este esquema, aquellas situaciones que vivimos tantas veces en el pasado, donde el tipo de cambio está unánimemente reconocido como atrasado. Si lo estuviera, inmediatamente el mercado corregiría dicha paridad.

A su vez, llegado este punto es preciso señalar que el BCRA ha aprovechado el elevado ingreso de capitales a la Argentina para recomponer su hoja de balance, dada la situación de las reservas heredada de la gestión anterior. La autoridad monetaria compró 14.000 millones de dólares en el 2016, y ya llevamos adquiridos U$S 3.000 millones en lo que va del año. Como señal de la fortaleza que está recuperando el balance de la institución, cabe mencionar que las reservas internacionales ya han superado los U$S 50.000 millones esta semana. Esta recomposición de reservas ha compensado parte de los efectos del fuerte ingreso de capitales al país.

Por último, la competitividad de una economía no sólo se mide por la arista cambiaria, sino que también hay otros factores involucrados. Por el lado impositivo, el Poder Ejecutivo ha reducido la carga tributaria a las exportaciones. Por el lado regulatorio, el cepo, que ahogaba nuestra economía, ya no existe. Y a esto debe sumársele la significativa reducción del costo de capital para las empresas en el sector transable de nuestra economía, las cuales ahora pueden financiarse a tasas inéditamente bajas, que el año pasado rondaron entre un 2% y 3%, y este año continúan reduciéndose. Todos estos factores estimulan directamente la competitividad de nuestras actividades económicas.

Para terminar con esta primera parte, podemos concluir que hemos avanzado y seguimos avanzando a paso firme en el proceso de desinflación, en un contexto donde no se han usado los atajos de atrasar el tipo de cambio o las tarifas. Y el tipo de cambio ha buscado su equilibrio en un mercado prácticamente sin intervención del Central, por lo que al arbitrarse con lo que sea que depara el futuro, le da una inédita estabilidad a la paridad cambiaria.

2do eje de gestión: desarrollo y profundización del sector financiero

Pasemos ahora a nuestro segundo eje de gestión, orientado a desarrollar y profundizar nuestro sistema financiero, para que alcance el tamaño que posee en otros países de la región, como Chile, o Bolivia. Esto permitirá que el sistema cumpla de mejor manera su función principal: ser el vehículo y nexo entre el ahorro e inversión en una economía, aumentando el acceso a financiamiento para todos, lo que potencia la igualdad de oportunidades, dado que permite que más gente pueda financiar sus ideas y emprendimientos, y no sólo los que ya poseen el capital necesario para hacerlo.

En esta línea, en pos de desarrollar de una vez por todas nuestro sistema financiero, buscamos garantizar al ahorrista una tasa de interés real positiva, que remunere sus ahorros como corresponde, y que genere la materia prima indispensable para una cabal expansión del crédito en Argentina. Por eso decimos que nuestra política antiinflacionaria con tasa de interés real positiva genera una muy conveniente coincidencia: ayuda a desinflar pero también ayuda a hacer crecer el sistema financiero local.

Con este espíritu desarrollamos las UVA, unidades de cuenta atadas a la inflación, que permiten resguardar el ahorro en pesos y estimular el crédito a largo plazo. Los créditos bajo esta modalidad vienen mostrando un crecimiento sostenido desde su implementación en abril, acumulando ya un monto de $3.530 millones otorgados. Por citar algunos ejemplos, el otro día me comentaron directivos de una empresa automotriz de primera línea, que implementaron este esquema de financiación vía UVA, y tuvieron un éxito rotundo. Las cuotas de los préstamos se reducen en forma tan significativa que la demanda crece inmediatamente. También me parece interesante destacar el caso de los préstamos en UVA, tanto para la adquisición de automóviles como personales, que está ofreciendo el Banco Provincia desde hace unos dos meses; los $430 millones que ya lleva otorgados bajo esta modalidad en estos pocos días son prueba de la gran avidez existente por los mismos.

¿Cuál fue el resultado de nuestra tarea en esta materia durante 2016? ¿Logramos hacer crecer el sistema financiero? Los depósitos totales del sector privado crecieron de 14,7% del PBI en 2015 a 16,1% para fin de 2016, y si le sumamos los fondos que están en LEBAC en manos del sector privado no financiero, dichos números crecen de 15,9% del PBI 2015 a 19,3% en 2016. Es decir, el ahorro del sector privado local en activos financieros se incrementó en 3,4 puntos del PBI en 2016. Es verdad que una parte de este incremento se explica por el blanqueo, pero tamaña expansión en el ahorro doméstico es a fin de cuentas el insumo fundamental que logrará aumentar notoriamente el crédito en nuestra economía de aquí en más.

Podemos afirmar entonces que hemos generado las condiciones para que la gente vuelva a ahorrar en el sistema financiero local; el desafío por delante es que esta tendencia continúe, y que se vea traducido en una mayor oferta de financiamiento. Aunque, debo admitir, el nivel de tasas de plazos fijos de los últimos meses, se ha ubicado un tanto bajo para nuestro gusto. Aquí vale la pena recordar que el BCRA impone una suerte de impuesto a los bancos a través de los encajes bancarios. Quizás va llegando el momento de pensar en empezar a transitar un camino de reducción paulatina en el valor de estos encajes a los fines de permitir una mayor tasa depósitos y consolidar el proceso de crecimiento del sector financiero. Dado la mayor estabilidad macroeconómica y el aumento en la demanda de dinero que se vio reflejado en una significativa reducción en el monto de LEBAC emitidas por el BCRA, se abre una ventana para empezar a abordar esta posibilidad en algún momento futuro.

Por otra parte, a pesar del aumento en su materia prima, los depósitos, el crédito se ha mantenido aproximadamente en los mismos niveles que el año pasado en términos del PBI (ya que, para ser exactos, mostró una caída de 0,1% en términos del producto, pasando de 11,8% a 11,7% del PBI). He aquí uno de los principales desafíos que tiene por delante nuestro sector financiero. No sólo debe retener y expandir el volumen de ahorro que ha sido canalizado a depósitos, ganando en escala de intermediación, sino que debe ser capaz de traducir estos fondos, esta materia prima, hacia una expansión sostenida del crédito. En esto deberán concentrar sus esfuerzos nuestras entidades financieras, ideando nuevas formas y modalidades de financiación, con mayor llegada y alcance en el público. Para tener una idea de la masa de fondos disponible, actualmente hay en el sistema financiero argentino más de U$S 8.000 millones ociosos en depósitos a la vista, aguardando para ser canalizados hacia préstamos.

Pongamos un ejemplo de la gran cantidad de vetas de negocio que habría disponibles para estos fondos. En el presente, Arcor se financia vía ONs en el exterior a 2023 a una tasa de 4,5% anual, YPF lo hace al 7%. Una pregunta interesante para hacerse es por qué las entidades financieras locales, que tienen tamaña disponibilidad de fondos listos para prestar, no los destinan a financiar, por ejemplo, a alguna de estas empresas a una tasa de, digamos, 4% en lugar de dejar ese dinero ocioso. Entiendo que este fenómeno se produce por culpa de la cíclica historia argentina, que germinó mucha desconfianza por parte de las entidades a prestar a largo plazo. Pero nos encontramos frente al absurdo de tener ahorros argentinos recibiendo tasas de plazos fijos de 0,4% porque las entidades financieras no los aplican, a la vez que hay empresas argentinas que piden prestado al 7% en el exterior. Todo esto significa que hay no residentes que sí confían en nuestras empresas, y están dispuestos a tomar el riesgo de financiarlas a largo plazo, pero nuestro propio sistema financiero no lo está. No quiero comentar esto como una crítica, sino como un ejemplo de los dramáticos efectos que ha tenido la inestabilidad macroeconómica en nuestro país. Solo en un país paralizado por el miedo pueden los bancos sostener 8000 millones de dólares y preferir no prestarlos. Es un ejemplo del camino que todavía nos queda por recorrer.

3er eje de gestión: Bancarización de la economía y eliminación del efectivo

Detengámonos ahora unos momentos en uno de los temas más salientes en el debate público de estos días y tercer eje de gestión que rige a este BCRA: la intención de bancarizar la economía y minimizar el uso de dinero en efectivo en las transacciones cotidianas. Nuestra agenda de trabajo en este respecto se podría decir que tiene dos fases:

En primer lugar, el 3 de junio pasado habilitamos una nueva Plataforma de Pagos Móviles (comunicación A5982), que sentó las bases para la proliferación de medios de pago electrónicos más ágiles y seguros, aprovechando las tecnologías existentes.

Como ya sabrán, hay dos redes bancarias principales, la Red Link (donde operan por ejemplo los bancos públicos) y la Red Banelco (donde operan varios de los bancos privados con mayor peso en el sistema financiero). Es en base a estas redes que se insertan las nuevas modalidades de pago electrónicas que fuimos incorporando durante estos meses, a las cuales se irán próximamente sumando nuevos jugadores, en el marco de competencia que alentamos desde el BCRA.

Una de las novedades que introdujimos fue la billetera electrónica. Gracias a este desarrollo, nuestros celulares se convirtieron en verdaderas billeteras, ya que descargando aplicaciones como VALE o Todo Pago podemos pagar en cualquier lado con prácticamente la misma velocidad con la que sacamos un par de billetes de nuestra billetera de bolsillo. Sumado a ello, con la creación del alias bancario, un sobrenombre fácil que reemplaza al CBU de 22 dígitos, las transferencias de dinero entre la gente pueden ser totalmente electrónicas, rápidas, y en cualquier lugar.

La segunda innovación en este sentido es el Mpos, que permite cobrar mediante tarjetas directamente con el celular (dicho sea de paso, evitando la necesidad de contratar un pos). Este desarrollo posibilita la bancarización de transacciones sin utilizar el pos clásico, aprovechando la infraestructura tecnológica existente en el país. Para ello, se usa un aparato denominado dongle, que se anexa al celular y permite así el cobro a través de tarjetas. REDMOB, el producto de Link, ya está funcionando masivamente en Córdoba, y también los comercios pueden bajar la app de Mpos de Todo Pago. Se habilita en minutos, sin moverse del negocio. Es decir, con un Smartphone y un dongle ya se puede cobrar mediante tarjetas de crédito y débito rápidamente.

A su vez, también introdujimos el “botón de pago”, una forma de pagar mediante una transferencia inmediata cualquier producto en línea, ya sin la necesidad de hacerlo a través de una tarjeta de crédito, sino mediante una transferencia desde una caja de ahorro. Todo Pago ya dispone de esta modalidad, y también puede instalarse en cuestión de minutos.

Es un debate que debemos tener si la cantidad de pagos en efectivos es producto de un faltante de demanda (el consumidor no quiere) o de oferta (el vendedor no quiere). Obviamente la realidad estará en un punto intermedio. Pero el diagnóstico del BCRA es que la falta de bancarización en los pagos responde más a un problema de oferta que de demanda.

Desde el lado de la demanda, Argentina es un país sumamente propicio para embarcarse en esta transformación de los medios de pago. Por un lado, hay una elevada penetración del uso de tarjetas bancarias. De hecho, hoy circulan en el país casi 75 millones tarjetas (aproximadamente 39 millones de tarjetas de débito y 36 millones de tarjetas de crédito). Por otra parte, también existe una muy amplia cobertura de telefonía celular, con aproximadamente 45 millones de celulares con uso frecuente, de los cuales más del 80% cuenta con tecnología 3G y 4G (45% serían del tipo Smartphone). En otras palabras, la infraestructura para saltar a un entorno más digital ya está bastante emplazada.

Simplemente hay que animarse a utilizarla.

Estos tres mecanismos de pago descriptos, por otra parte, apuntan a mejorar las condiciones para la oferta de medios pagos electrónicos ya que al utilizar transferencias directas interbancarias, son como las transferencias de CBU a CBU que usamos habitualmente, y como tales no están sujetas a comisiones por parte de las tarjetas ni sufren retenciones por ganancias o IVA. En otras palabras, son mecanismos superadores al dinero en efectivo, ya que no presentan los costos de logística y seguridad que sí posee aquél.

Así, mientras que la primera fase de nuestra agenda de bancarización se basó en introducir y promover los medios de pago electrónicos alternativos al efectivo, la segunda fase se relaciona con el desincentivo al uso del mismo, a la par de reducir sus costos de manejo para el sistema.

Toda la logística de manejo, traslado, almacenamiento y emisión de efectivo tiene unos costos muy significativos para la sociedad en su conjunto. Para darnos una idea, sólo los costos de emisión de dinero durante 2015 fueron de $1.730 millones, y en 2016, de $2.720 millones. Usar menos efectivo no sólo es más ágil, seguro y eficiente para la sociedad, sino menos costoso.

En esta tarea de reducir los costos de manejo del efectivo es que se enmarca nuestra nueva plataforma de intercambio de billetes entre bancos. Lo que ocurre es que en el sistema financiero hay entidades “recaudadoras” que reciben mucho efectivo por sus actividades usuales y clientes, y entidades “pagadoras” (como Banco Nación, que canalizan los pagos de salarios, jubilaciones, etc.) que demandan gran cantidad de efectivo todos los meses. En este contexto el BCRA era una suerte de “cámara de compensación de billetes”, donde los bancos que recibían mucho efectivo lo venían a depositar al BCRA, y luego el BCRA lo enviaba a los bancos que tenían mayores demandas de efectivo para distribuir entre sus usuarios. La pregunta que se plantea entonces es: ¿para qué poner al BCRA de intermediario si los bancos pueden encontrar sus ofertas y demandas de efectivo en una pantalla, e intercambiar esos billetes entre ellos de manera directa?

Esto es precisamente lo que implementamos y está operando en la actualidad. Así, se reducen de forma notable los costos de manejo de efectivo en el sistema, a la vez que se desincentiva la acumulación de efectivo no demandado por parte de las entidades. De hecho, el costo se reduce a la mitad, porque en lugar de llevar el dinero del banco A al BCRA, y de éste al banco B, los bancos A y B transaccionan directamente entre ellos.

En el sistema de intercambio de efectivo actual, el BCRA toma dinero a .995 por unidad, y vende a 1.005 como tope. Los bancos operan entonces dentro de ese rango, de manera bilateral. Ese pequeño intervalo genera los incentivos para que se desarrolle el mercado bilateral de billetes, permitiendo que los costos de manejo del efectivo, se reduzcan, como decía, a la mitad.

Es cierto que este margen entre lo que se cobra por deshacerse de billetes y por tomarlos, desalienta el uso del efectivo y ha motivado a los bancos a pensar en la posibilidad de cobrar por las operaciones que se hacen con dicha modalidad. Pero como siempre es mejor poner los beneficios por encima de los costos, estamos en conversaciones con los bancos para que difieran por el momento el cobro en efectivo, mientras nos tomamos un tiempo para poder migrar nuestros pagos al mundo digital usando estos nuevos mecanismos que acabo de describir y que ya están disponibles, y que replican los beneficios del efectivo sin sus costos. Creo que estas conversaciones llegarán a buen puerto.

En este tema hemos recibido la ayuda inestimable de la AFIP, que también impulsa la bancarización y está trabajando codo a codo en estas iniciativas, por ejemplo, como decía, ya que las operaciones cursadas por transferencias directas no tendrán retenciones impositivas por parte del gobierno nacional. Argentina vivió esta experiencia de migración a pagos electrónicos, que fue el de la tarjeta SUBE, que tuvo algunas dificultades en el corto plazo de su implementación. Pero vale también para destacar los grandes beneficios que se vieron una vez que dicha modalidad se difundió e implementó masivamente para la sociedad, tanto en términos de comodidad, como de seguridad, agilidad y eficiencia. Creemos que lo mismo ocurrirá en los próximos meses cuando se generalice el uso de las nuevas plataformas de pago electrónico.

Por último, tampoco está demás destacar que la reducción del efectivo y una mayor difusión de los medios electrónicos de pago permiten estimular la intermediación bancaria y el crédito. El dinero en efectivo es dinero no intermediado. La proliferación de los pagos electrónicos logrará que, en lugar de llevar el dinero en las billeteras, lo dejemos a la vista en nuestras cuentas, ampliando de cierta manera la disponibilidad de fondeo para las entidades financieras, con su posible correlato en el aumento de la oferta de crédito. Este dato no menor, hoy permitiría aumentar la capacidad prestable del sistema en un 40%. Como verán, todavía hay mucho por hacer, pero creo que las condiciones y desde ya el convencimiento están para que podamos cumplir nuestros objetivos. De nuestra parte, les aseguro que trabajaremos con pasión para lograrlo.

Muchas gracias.

Notas |

1 Véase el apartado “Metas de Inflación: la experiencia internacional” en el Informe de Política Monetaria de Mayo 2016 para un mayor detalle respecto a este esquema institucional.

2 Véase por ejemplo la presentación de Federico Sturzenegger en el 52° Coloquio de Idea

3 Disponible aquí (p. 64)

4 Para mayor detalle sobre el cómputo de este tipo de ejercicios, véase el Apartado 3 “Salarios e inflación”, en el Informe de Política Monetaria de Octubre 2016.

23 de febrero de 2017

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