la creación del BCRA
La Economía Argentina en vísperas y durante la Gran Depresión

A fines de la década de 1920 la economía argentina experimentaba una caída en la actividad económica asociada con el desplome de los precios internacionales de las exportaciones y con la reversión del ingreso de capitales.

Si bien la inestabilidad del valor de las exportaciones era un fenómeno por demás conocido, observándose variaciones por motivo de factores climáticos como también fuertes oscilaciones en los términos de intercambio, esta coyuntura se vio agravada debido a que la importante entrada de capitales que primaba con anterioridad al estallido de la Primera Guerra Mundial prácticamente se había detenido con el comienzo de la Gran Depresión.

La conjunción de estos factores afectaba sensiblemente la entrada y salida de oro del país, produciendo inevitablemente, bajo un sistema de patrón oro, cambios significativos en el volumen de los medios de pago y los préstamos bancarios de la economía.

El régimen de patrón oro, implicaba un sistema automático donde el oro o las divisas eran cambiados por moneda nacional en la Caja de Conversión a un tipo de cambio fijo. Este régimen cambiario no permitía flexibilidad en la variación del tipo de cambio, y como consecuencia, en momentos de tensión, se recurría habitualmente a la suspensión de la convertibilidad.

El problema se daba porque el volumen del dinero circulante, los depósitos y los préstamos bancarios se regían por los vaivenes del sector externo, y así quedaban desarticulados de lo que ocurría con la economía doméstica. Fue así que hacia fines de 1929 se juzgó necesario abandonar el régimen de patrón oro para evitar la salida de metálico del país. Sin embargo se realizaron exportaciones oro para atender servicios de la deuda pública y también para tratar de estabilizar el valor de la moneda.

Con posterioridad a los sucesos de 1929, cuando se derrumbó la bolsa de Nueva York, se profundizaría la crisis entrada la década del treinta. Para ese entonces la economía argentina ya se encontraba sacudida por los efectos de la Gran Depresión. Además de la merma en la tasa de crecimiento, sus principales secuelas fueron la caída del peso de las exportaciones en la economía y la reducción de la tasa de inversión.

En este contexto, la salida de Gran Bretaña del patrón oro motivó que hacia fines de 1931 se aplicara en la Argentina un sistema de control de cambios que Raúl Prebisch, años más tarde, identificaría como absolutamente necesario para llevar adelante una “política monetaria nacional”.

Por su parte, en lo que refiere al sistema bancario, la legislación tempranamente autorizó al Banco de la Nación Argentina (BNA) a realizar redescuentos al resto de los bancos de la plaza (Ley 9.479 de 1914) y a su vez a la Caja de Conversión a redescontar documentos al BNA (Ley 9.577). Recién en 1931 el BNA tuvo que recurrir a la Caja de Conversión, dado que con anterioridad asistía a los demás bancos del sistema con sus propios recursos. De este modo, en momentos en que existían problemas de liquidez en el mercado, el BNA funcionó como un “prestamista de última instancia” dada la ausencia de un banco central en el país.

A partir de ese momento, se ampliaron las fuentes de creación de dinero imperantes en Argentina. Por un lado el sector externo, siendo que las entradas de oro a la Caja de Conversión determinaban el aumento de la oferta monetaria, y las salidas de oro una contracción de la misma.

Por otra parte, cuando el BNA en 1931 acude a la Caja de Conversión para conseguir recursos en línea con la antigua ley de redescuento de 1914, se incorpora otra fuente de creación de dinero, dado que los préstamos al sistema financiero redundarían en una expansión de la base monetaria. La tercera fuente de creación de dinero fue incorporada en 1932 con la colocación del Empréstito Patriótico, que permitió a la Caja de Conversión efectuar préstamos al Gobierno.

Proyectos de creación de un banco central en la Argentina

La ausencia de una autoridad monetaria que cumpliera el rol de prestamista de última instancia fue destacada como la causa de niveles de encaje relativamente altos en los establecimientos bancarios argentinos a principios del siglo XX.

Si bien existieron varios intentos de impulsar la creación de un banco central en la Argentina, algunos proyectos no lograron avanzar en el Congreso. La interrupción de la conversión en 1929 determinó que la Oficina de Investigaciones Económicas, organizada dentro del BNA y formalizada en 1928 incorporándose Raúl Prebisch como su director, argumentara sobre la necesidad de estudiar la creación de un banco central.

En la década de 1930 se elaborarían tres proyectos. El primero en 1931 surgió del seno de la “Comisión Uriburu”, presidida por el Ministro de Hacienda Enrique Uriburu y en el que Prebisch participó activamente. Hacia 1933, el nuevo Ministro de Hacienda, Alberto Hueyo, convoca a sir Otto Niemeyer, del Banco de Inglaterra, quien elabora un nuevo proyecto de creación de un banco central y otro de Ley de Bancos.

Sin embargo, en 1934 Federico Pinedo, ahora a cargo del Ministerio, solicita a Prebisch revisar el proyecto. De este modo se introdujeron importantes cambios a fin de dotar a la autoridad monetaria de elementos para la adopción de políticas anticíclicas, incorporar la necesidad del saneamiento bancario que se materializaría a fines de diciembre de 1935 con la creación del Instituto Movilizador de Inversiones Bancarias, y organizar la Inspección de Bancos bajo la dependencia del Banco Central.

El Banco Central de la República Argentina comenzó a funcionar el 31 de mayo de 1935 en medio de una reforma monetaria y financiera que permitió reunir distintas funciones en un único organismo rector del sistema financiero.

En el diseño del BCRA fue vital la labor de Raúl Prebisch, quien buscó hacer posible la moderación de las fluctuaciones económicas en el contexto de la crisis del ´30 que azotó a la economía y al comercio mundial. El primer presidente del BCRA fue Ernesto Bosch y Raúl Prebisch el primer gerente general.

Desde sus inicios el Banco Central fue instrumentado para llevar adelante operaciones de redescuento hacia los bancos comerciales, vigilar el cumplimiento de la Ley de Bancos, ser el agente financiero del gobierno y regular la cantidad de dinero y crédito de la economía.

La ley de creación del BCRA establecía que sería una institución mixta, donde el capital era aportado, mitad por el Gobierno Nacional, y la otra mitad por bancos nacionales y extranjeros establecidos en el país. Esto cambiaría recién en 1946, cuando el 25 de marzo se dispuso la Nacionalización del BCRA, pasando a ser completamente del Estado, y asumiendo un rol más amplio en la búsqueda del pleno empleo y el desarrollo económico.

 

Bibliografía
Arnaudo, A. A. (1987), Cincuenta años de política financiera argentina (1934-1983), Buenos Aires, El Ateneo
O´Connell, A. A. (1984), Argentina bajo la Depresión: Problemas de una Economía Abierta, Desarrollo Económico, XXIII, 92, Enero-Marzo
Prebisch, Raúl (1986), La experiencia del Banco Central Argentino en sus primeros ocho años, en: El Banco Central de la República Argentina en su 50 aniversario 1935-1985, Buenos Aires: BCRA. p. 21-104.