El economista Raúl Prebisch (1901-1986) fue el primer director general del Banco Central de la República Argentina. Más tarde fue asesor del gobierno provisional que derrocó a Juan D. Perón, en 1955, y del presidente Raúl Alfonsín.

Fue miembro fundador de la CEPAL y entre sus obras se destacan El desarrollo económico de América latina y algunos de sus principales problemas; Hacia una dinámica del desarrollo latinoamericano, y La crisis del desarrollo argentino.



Podríamos resumir los aspectos de la situación creada en el régimen de la moneda y los bancos por la intensa crisis mundial en los siguientes términos:


Abandono del patrón oro en un sistema monetario rígido. Destrucción de las bases fundamentales de este sistema y necesidad de sustituirlo por otro.



Peligrosa situación de los bancos, tanto por los efectos de la crisis como por los errores y abusos que se cometen en la política de crédito. Riesgo de un colapso en el sistema bancario. Necesidad de sanear y consolidar la situación, por un lado, y de prevenir la repetición de los males, por otro.


Desorganización del crédito público. Los bancos están cargados de papeles congelados del Tesoro; hay una pesada deuda flotante y falta un mercado financiero organizado en donde el Gobierno pueda colocar regularmente sus emisiones. Necesidad de resolver este problema.


Dispersión de los elementos de la política monetaria y financiera: Caja de Conversión, Banco de la Nación Argentina, Oficina de Control de Cambios y Tesoro Nacional; necesidad de reunirlos y sistematizarlos; y, finalmente,


Quebranto de la confianza pública en el régimen existente de la moneda y los bancos.

(*) Antecedentes y proyectos de creación de un banco central en Argentina. Ciclo de Conversaciones en el Banco de México, ofrecidas por Prebisch entre enero y marzo de 1944. Reeditadas por el BCRA en La creación del Banco Central y la experiencia monetaria argentina entre los años 1935-1943, Buenos Aires, 1972.



Por Manuel Fernández López (*)

Prebisch fue un reformista de instituciones existentes para adaptarlas a nuevas realidades económicas. La más notable fue el Banco Central, en cuyo proyecto se ocupó desde 1931, desde su cargo de director de la Oficina de Investigaciones del Banco de la Nación Argentina.

Allí deliberó una comisión que esbozó un proyecto de banco central, en la que Prebisch jugó activo papel. Al llegar a su fin el gobierno de factor, en enero de 1932 Prebisch publicó La acción de emergencia en el problema monetario, donde adelantaba una crítica del patrón oro y la Caja de Conversión, cuya eficacia se limitaba a las etapas de ascenso cíclico. Su propuesta era una reforma bancaria, con eje en una Ley de Bancos y un Banco Central con dirección mixta, que absorbería en una sola institución elementos dispersos en varias instituciones y podría amortiguar la amplitud del ciclo económico. Su viaje a la Sociedad de Naciones en 1932, y luego a Londres a comienzos de 1933, le permitieron cambiar impresiones con Sir Otto Niemeyer en Inglaterra, antes del regreso de Prebisch al país.

La adopción de una serie de medidas de carácter expansivo, anunciadas el 28 de noviembre de 1933 como Plan de Acción Económica Nacional, significaron un recodo en la política económica argentina. Esa fue la primera política heterodoxa.

En 1934 Prebisch comenzó a elaborar la reforma bancaria, también inscripta en un pensamiento keynesiano, y por ello llamado a despertar oposición de distintos sectores, entre ellos del Dr. L. R. Gondra y de Lisandro de la Torre.

El BCRA permitió aplicar una política anticíclica basada en operaciones de mercado abierto, que demostró ser exitosa en 1936-37. El ciclo era concebido como una interacción de unos pocos flujos monetarios. El ciclo en el país central era transmitido a la periferia por vía del multiplicador.

La preocupación por controlar el ciclo motivó emprender la medición más amplia de la actividad del país, el ingreso nacional, tarea iniciada en 1940, promovida por Prebisch.

El origen del enfoque "estructural" en el país se remonta a 1939, al estallar la guerra en Europa. Por semejanza con la anterior, que había cortado suministros y cerrado mercados de ultramar, se anticiparon grandes dificultades para exportar. Ante una caída de exportaciones -componente activa del gasto- el multiplicador, que transmitía al interior del país el ciclo internacional, hacía prever una recesión.

Como plan defensivo, el ministro de Hacienda confió la solución del caso al gerente general del Banco Central.

Prebisch y sus colaboradores -entre quienes estaban Ernesto Malaccorto (1902-91), Máximo Juan Alemann (1901-86) y Guillermo Walter Klein (1899-1986)- confeccionaron un Programa de reactivación de la economía nacional (1940), para “dar al movimiento económico el ritmo que conduzca al más alto grado de ocupación”.

La capacidad anticipatoria de Prebisch se reveló en aquel Programa, donde usó un enfoque que implicaba instrumentos técnicos creados años después, en trabajos de Leontief, Goodwin, Hirschman, Watanabe y Chenery, publicados en las décadas de 1940 y 1950.

El instrumento señalado para contrarrestar la recesión prevista era el mecanismo obras públicas-multiplicador. Sin embargo, la economía argentina dependía fuertemente de sus exportaciones, fuente propia y genuina para generar divisas, importar y pagar servicios financieros al exterior. Una reactivación "general" provocaría importaciones insostenibles con un menor ingreso de divisas. Este aspecto había sido ya afrontado por Prebisch en 1933, en el PAEN (Plan de Acción Económica Nacional), al aplicar una política selectiva de importaciones con racionamiento de divisas.

Cuando el Programa se presentó al Senado (1940), ya la profesión económica comenzaba a llamar "estructural" al enfoque interindustrial o de insumo-producto, desarrollado por Leontief.
En 1943, Prebisch salió del BCRA. Durante sus años en la institución, su cargo de profesor de Economía II (Dinámica Económica) había sido suplido por Juan José Guaresti (h.) o por Julio Broide. A fines de 1943 resolvió reasumirlo plenamente. Encaró reflexionar sobre sus experiencias y someter a crítica la ciencia económica vigente.

En marzo de 1944, Preebisch dio en el Banco de México unas charlas sobre su experiencia al frente del Banco Central, y publicó El patrón oro y la vulnerabilidad económica de nuestros países, en la que refería la desigualdad entre países y su reflejo en la desigualdad en el comercio, y cómo el patrón oro potenciaba la vulnerabilidad ínsita en la condición primario-exportadora. La dicotomía centro-periferia estuvo cada vez más presente en sus trabajos, y de aludir al centro y la periferia del ciclo, mutó, para designar por centro a países de mayor desarrollo económico y por periferia a los subdesarrollados.

La década 1955-65, en cuanto a promover estudios económicos, puede calificarse de edad de oro de los economistas. En este lapso, el Estado fundó sus actos en el conocimiento experto, ya sea de los nuevos funcionarios -profesores o graduados de la Facultad de Ciencias Económicas (Eugenio J. Folcini, Eugenio A. Blanco, Roberto A. Verrier, Adalbert Krieger Vasena, Alizón García, Juan Llamazares)-, el asesoramiento de una Junta Consultiva (en que figuró Díaz Arana), o de funcionarios de la ONU. Se alentó la formación de jóvenes economistas, nacieron asociaciones, se reanudó la actividad académica, se crearon carreras, se apoyaron estudios de posgrado en el exterior y se crearon entes públicos y privados servidos por economistas.

El Gobierno Provisional solicitó el asesoramiento de Prebisch, quien lo brindó en Informe preliminar acerca de la situación económica (26/10/1955), Moneda sana o inflación incontenible y Plan de restablecimiento económico (9/1/1956).

Para estudiar el desarrollo económico argentino, el gobierno pidió en enero de 1956 la ayuda de una misión técnica de la ONU que, dirigida por Raúl Prebisch, trabajó entre 1956 y mediados de 1957, con la participación de John D. Black (Harvard), Richard Goode (FMI), Alberto Fracchia, Ángel Monti y Manuel Balboa. En el análisis macroeconómico, aportaron Carlos Brignone, Ricardo Cibotti, Norberto González, César Piana y Jorge Trebino. También colaboró el Equipo de Renta Nacional del BCRA: Alonso Olivera, Guarrochena, Guglieri, Monteverde, Trebino, Vicente y Zorzano.

(*) Economista. Profesor de Historia del Pensamiento Económico en la UBA.